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martes, 1 de octubre de 2013

GENIOS HECHOS EN CASA


Estas son algunas claves que dan los científicos para que los niños mejoren su desempeño escolar y, por qué no, alcancen niveles de excelencia que les aseguren el éxito en el futuro.


Genio hecho en casa.


El sueño de cualquier padre es que su hijo sea exitoso. Por eso casi todos dan lo mejor de sí para criarlos de manera que desarrollen al máximo sus capacidades y habilidades. Y a pesar de que algunos expertos consideran que la clave del genio está en los genes, investigaciones recientes han revelado que, además de esa influencia hereditaria, “el ambiente tiene un poder muy grande en el desarrollo de capacidades, habilidades y potencialidades”, le dijo a SEMANA la psicóloga María Elena López.

Según Paul Thompson, neurólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de California, “llevar una dieta saludable, dormir bien, tener acceso a buena educación y desarrollar distintos tipos de actividades puede potenciar la capacidad de cualquiera”. Estas son ocho recomendaciones que pueden cambiar el curso de la crianza de su hijo. 
 
1) Dieta digital

Una de las grandes preocupaciones de los padres es saber cuánto tiempo deben pasar sus hijos frente a las pantallas, ya sea del televisor, del computador, de los videojuegos o de los celulares. Según un estudio realizado por la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés), el 30 por ciento de los niños menores de 2 años que no ven televisión y en cambio invierten ese tiempo en jugar o interactuar con gente real, tienen un mejor desarrollo cerebral que los que ven dos horas de televisión. “Los niños a esa edad se benefician del juego libre que estimula la creatividad y las habilidades para resolver problemas. Por eso se recomienda mantenerlos alejados de las pantallas”, le dijo a SEMANA Ari Brown, psiquiatra de la AAP. Aunque existen varios juegos de video y computador que suelen ser llamados educativos y supuestamente ayudan a mejorar el desempeño académico, un estudio con más de 700 niños en el Reino Unido demostró que tal beneficio no existe. 

2) Música, maestro

Los padres incentivan en sus hijos tocar un instrumento musical sin ninguna expectativa de mejorar su intelecto. Pero así como en otros procesos de aprendizaje, existe una repercusión en el cerebro entre quienes tocan instrumentos de cuerda, como guitarra o piano. Según un estudio de la Universidad de Boston con un grupo de niños que rondaban los 10 años, aquellos que saben tocar este tipo de instrumentos musicales tienen más habilidades verbales y un 15 por ciento de coeficiente intelectual (CI) más alto. “Glenn Schellenberg demostró en su momento que tomar lecciones de música aumenta el CI, pues al ser una actividad de aprendizaje se estimula el cerebro y en esta medida puede mejorar”, le contó a SEMANA Ellen Winner, psicóloga de la Universidad de Boston. 

3) Buenos lectores

Una investigación realizada en 27 países encontró que los niños que crecen en un hogar donde existe el hábito de leer y hay una gran variedad de libros tienen mayores posibilidades de graduarse. Aunque suene lógico, sobre los 70.000 casos evaluados se encontró que quienes contaban en casa con al menos 500 libros tenían el 36 por ciento más de posibilidades de recibir el diploma de bachiller y el 19 por ciento de tener título profesional. Los niños que observan a sus padres leer con avidez adquieren más fácilmente el hábito de la lectura.
 
4) ¡A mover el esqueleto!

El ejercicio aeróbico también incrementa en un gran porcentaje el desarrollo de habilidades. En este caso, “los mejores resultados se acumulan cuando los ejercicios son hechos entre padres e hijos”, afirma el biólogo John Medina, en su libro Brain Rules for Baby. Aunque la estructura del cerebro está determinada en gran parte por los genes, el volumen de materia gris en la región frontal que se relaciona con la habilidad cognitiva puede incrementarse si se aprende una actividad motora que exija cierta dificultad, como, por ejemplo, los malabares. “En la medida en que los niños practiquen actividades de coordinación motriz, eso ayuda a que se generen conexiones en el cerebro”, le explicó a SEMANA Germán Casas, psiquiatra infantil.
 
5) Comida balanceada

Lo ideal es que los niños se alimenten en sus primeros seis meses con leche materna. Un estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry evidenció que quienes así lo hicieron obtuvieron más altos resultados en lectura, escritura y matemáticas. Y según un estudio publicado por la revista Obesity, un peso acorde con la estatura, es decir, el nivel de masa corporal, también incide en el desempeño académico. Los expertos llegaron a esta conclusión luego de evaluar a más de 500 niños de 12 años. Los que sufrían de sobrepeso faltaban más a clase y sus notas eran bajas. 
 
6) El autocontrol

Además de buen desempeño académico, un niño también necesita tener inteligencia emocional, pues de nada le sirve su talento si no controla sus impulsos. Un célebre estudio realizado en los años sesenta por el psicólogo estadounidense Walter Mischel analizó a un grupo de niños que acababan de cumplir 4 años. Mischel los puso a escoger entre comerse una galleta de inmediato o ingerir dos al cabo de 15 minutos. El investigador les hizo seguimiento y años después descubrió que quienes resistieron la tentación tuvieron 210 puntos más en pruebas de conocimiento. “El autocontrol es tal vez la habilidad más importante para una persona. Por eso cualquier actividad que sirva para alcanzarlo es fundamental”, le dijo a SEMANA Jeremy Gray, profesora de Psicología de la Universidad de Yale.
 
7) Hijos de padres jóvenes

Un estudio que evaluó a más de 33.000 niños, publicado por la revista PLoS Medicine, reveló que los niños de padres jóvenes, entre 20 y 30 años, tienen de tres a seis puntos más de coeficiente intelectual. Además, son menos propensos a desarrollar enfermedades mentales. En las últimas décadas, la tendencia a tener hijos después de los 30 ha crecido a la par con el índice de enfermedades como autismo, esquizofrenia y síndrome de Down, por lo cual quizás sea mejor, por el bien de la salud de los pequeños, no esperar tanto para convertirse en padres.
 
8) El bilingüismo

Los niños que aprenden dos o más lenguas desarrollan mejores habilidades cognitivas y verbales, como reveló un estudio publicado en la revista Modern Language Journal, en el que se mostró que los niños que estudiaron lenguas extranjeras en el lapso de cinco años obtuvieron mejores resultados en pruebas académicas que aquellos que tomaron cursos de cualquier otra materia. 



jueves, 27 de junio de 2013

UNA HISTORIA SOBRE LA CRIANZA DE LOS HIJOS...

Papàs y Mamàs...  còmo  estamos criando nuestros hijos ???

Al consultorio de los psicólogos cada vez llegan más profesionales perdidos en sus carreras que no saben qué hacer con su vida. La culpa podría ser de padres bien intencionados que confunden amor con sobreprotección.

Javier a sus 24 años, tiene todo lo que alguien de su edad desea, un diploma universitario y un cargo en una de las firmas más prestigiosas del país en donde tiene posibilidad de ir escalando hacia la cima. A pesar de esto, no es feliz. Quisiera botar el puesto e incluso cambiar de carrera. Juliana, de 25, está pasando por una crisis parecida. Se siente desorientada porque después de estudiar Economía y trabajar en un banco no se siente a gusto. A menudo le confiesa a su psicóloga que esa no es la vida que quiere. Y como ellos dos, muchos otros adultos jóvenes están llegando a la consulta de psicólogos y psiquiatras porque tienen dudas de su carrera, no están contentos y no saben qué hacer con su vida.
"Hay muchos jóvenes desubicados, sin un propósito, desmotivados y sin saber qué hacer" , dice la psicóloga Annie de Acevedo, quien ha advertido esa tendencia. Al ahondar en su vida, sin embargo, todo parece estar en orden. Tienen el apoyo emocional y económico de sus padres, son inteligentes y responsables, cuentan con una buena red de amigos, son apreciados en sus trabajos, en fin, el sol está de su lado. Pero por dentro se sienten mal y por eso están en terapia.

El fenómeno está lejos de ser exclusivo de los jóvenes de clase media y alta en Colombia. Recientemente, la psiquiatra Lori Gottlieb escribió un articulo para The Atlantic en el que describe a pacientes recién graduados con este mismo perfil, bonitos, brillantes, queridos por su familia y sus amigos, pero con un gran vacío en el alma. "Jóvenes de 20 y 30 años con depresión y angustia, indecisos y con dificultades en su carrera", dice la experta. Después de analizar con detenimiento sus casos y observar que en ninguno había conflictos con sus padres, ni traumas en la niñez que pudieran causar esta insatisfacción, llegó a la teoría de que, quizás, esta situación se debía no a malos padres, sino todo lo contrario, a papás bien intencionados, demasiado pendientes y preocupados por sus hijos, que al querer protegerlos de las desdichas en la infancia "los privaron de la felicidad en la adultez", dice.







Al desmenuzar las diferentes formas de sobreprotección, Gottlieb encontró que un factor nocivo de este modelo de crianza es establecer la felicidad de los hijos como meta última de la crianza, lo cual es un error porque implica ir pavimentando el camino para que no tengan tropiezos ni contratiempos. 


La consecuencia es que cuando son adultos se vuelven 'un ocho' ante una dificultad y piensan que cualquier revés es el fin del mundo. Con ella coincide Ximena Sanz de Santamaría, para quien la felicidad no puede ser un destino, sino algo que se conquista y se construye a diario. Una meta más realista, según ella, es prepararlos para enfrentar la vida, asumir responsabilidades y solucionar los problemas. "Pero ser papá hoy es tenerle miedo al sufrimiento de los hijos", señala la experta. Como dice Barry Schwartz, psicólogo del Swartmore College, la felicidad como resultado de vivir la vida es algo positivo, pero como meta es una receta para el desastre. En ese modelo de mundo feliz, el padre olvida que las mayores oportunidades de aprendizaje están en las equivocaciones y errores. Privarlos de eso es impedir que desarrollen lo que los especialistas conocen como inmunidad psicológica, esa capacidad para resistir los altibajos propios de la vida. "Nadie crece sin haber sufrido un poco", señala Annie de Acevedo.

De la mano de lo anterior está la obsesión por cultivar el amor propio a los hijos. El culto a la autoestima ha llevado a los padres a exageraciones como evitar cualquier connotación negativa acerca de ellos, aún en los casos en que ellos no hacen bien una tarea, por el miedo a que se traumaticen. "La que estamos viendo en las consultas es la generación de la carita feliz, niños a los que les doraron la píldora siempre y por todo, aun cuando no lo merecían", señala Annie de Acevedo. Cuando las alabanzas se imparten sin matices ni discriminación los niños se sienten especiales sin serlo, y si no reciben una valoración de lo que hacen más ajustada a la realidad "se genera una idea inflada de sí mismos", dice Gottlieb. Mientras son niños no hay problema, pero los jóvenes con un ego engrandecido por sus padres y profesores pueden tener problemas en su vida profesional ante la más mínima crítica de un profesor o de un jefe. "Ellos esperan que los estimulen a toda hora, no les gusta que sus superiores les digan que necesitan mejorar el trabajo y se sienten inseguros cuando no reciben constantemente halagos de otras personas", dice Jean Twenge, psicóloga y coautora del libro The Narcissism Epidemic.

Otra arista de la sobreprotección es creer que lo mejor es ofrecerles a los hijos muchas opciones. Los papás cada día enfrentan a los niños a un sinnúmero de posibilidades, si quieren pizza, hamburguesa, perro caliente o alitas de pollo; si quieren estudiar aquí o allá; en el mundo de hoy no hay límites. Según Schwartz, la evidencia muestra que, en general, cuando la gente se enfrenta a menos posibilidades es más feliz y el caso de los niños no es la excepción. Se ha visto que ellos están más seguros y menos ansiosos ante menos opciones ya que esto les permite comprometerse con su elección. Además, señala que la gente siente más satisfacción y dedicación cuando trabaja en una cosa que cuando deja otras opciones abiertas. En la vida adulta, tener este amplio abanico de caminos les dificulta la toma de decisiones porque eso implica decirles adiós a las demás. Ximena Sanz de Santamaría cuenta que muchos jóvenes empiezan una, dos y hasta tres carreras. "Luego de haber intentado cuatro facultades sienten que son unos buenos para nada". En ningún momento se trata de imponerles el camino, pero sí de establecer límites y enseñarles a tomar decisiones.

Una cosa es cierta y es que cada día las familias son más pequeñas, por lo que con mayor frecuencia los padres tienen la sensación de que cada hijo es muy valioso. Debido a esto, los papás fomentan la sobreprotección porque no quieren que sus hijos se vayan de la casa. Por eso, los cuidados y los mimos no terminan a los 18 cuando se gradúan del colegio, sino cuando se casan. "Los papás siguen organizándoles la vida incluso de viejos", dice Ximena. Son los papás quienes llaman a los profesores para reclamar por la mala nota que su hijo recibió en la universidad o constantemente envían mensajes de texto para saber cada detalle de su vida. En ese contexto es fácil que las necesidades de los grandes se confundan con las de los hijos y se tergiverse la idea de amor y buena crianza con sobreprotección. "Ellos llenan los vacíos emocionales de nuestra vida", dice Gottlieb. Por eso, a veces no son los niños quienes tienen problemas para crecer y madurar, sino son los padres quienes no quieren soltarles las amarras.

Isabel Londoño, coach en educación, tiene una visión distinta. Considera que sí hay un conflicto con los jóvenes de hoy, pero este no se debe a su ego inflado, ni a que son tacitas de té frágiles que ante cualquier vicisitud se quiebran, sino a que la sociedad en la que viven no ha cambiado al ritmo de ellos. "El que está perdido es todo el establecimiento, las empresas, los colegios, las universidades, porque ignoran que los jóvenes de hoy son diferentes y no quieren seguir el modelo de los papás". La experta explica que los adultos jóvenes sí quieren compromiso y trabajo duro, pero no en las mismas condiciones de sometimiento que sus padres. En otras palabras, quieren que el trabajo sea parte de su vida y no que su vida sea el trabajo. Por eso cuando oyen a los ejecutivos exitosos relatar sus historias de sacrificios para llegar a la cima, prefieren pasar de largo y
decir no, gracias. Agrega que muchos de ellos tratan de meterse en ese rol tradicional -trabajar en una compañía y esperar 25 años a tener un cargo alto, paradigma del éxito de las generaciones pasadas-, "pero cuando no pueden más y quieren optar por otra alternativa les dicen que están confundidos. En realidad, están reclamando su libertad y buscando alternativas que les brinden mayores satisfacciones", enfatiza.

Encontrar el balance para dar amor y protección a los hijos sin caer en estos extremos no es fácil. Los papás ahora tienen poco tiempo para estar con sus hijos y prefieren dedicarlo a hablar amigablemente que a regañar (dialogo reflexivo) y corregir o a enseñarles las responsabilidades en la casa. Pero los expertos consideran crucial revisar el rol sobreprotector de los padres hoy, pues no hacerlo es la fórmula perfecta para que sus hijos terminen de adultos frustrados y tristes en el diván frente al psiquiatra.